Segunda entrega de una serie de documentos técnicos realizados por Mercedes García Durán, el documento completo lo encontrarás en nuestra web www.eficalingenieria.es
martes, 16 de octubre de 2012
miércoles, 10 de octubre de 2012
Primera entrega de una serie de documentos técnicos realizados por Mercedes García Durán, el documento completo lo encontrarás en nuestra web www.eficalingenieria.es
miércoles, 26 de septiembre de 2012
Lean
Management: ¿en qué empresas puede aplicarse?
En los últimos años hemos
visitado a muchos clientes potenciales para proponerles la implantación de
sistemas de gestión Lean Management, a los que hemos intentado explicar en qué
consiste la metodología y qué aspectos beneficiosos les comportaría.
Ahora, tras haber trabajado con
algunos de ellos, nos damos cuenta de que quizá lo estábamos explicando mal. Al
exponer las bases del Lean Management casi siempre se habla de reducción de
lotes, de estandarizar procesos, de
stock, etc., lo que lleva a pensar que es aplicable sólo en determinadas empresas,
como las dedicadas a la fabricación, por ejemplo, que tengan un elevado volumen
de negocio.
Sin embargo, la idea básica es
mucho más simple: ¿su forma de trabajar o la de su empresa es mejorable en
algún aspecto? ¿Cree que en su empresa se pierde tiempo o dinero? ¿Piensa que
con una organización diferente podría mejorar sus resultados?
Si es así, no necesita más. Puede
que su empresa sea una pequeña ingeniería, un taller de reparación de
vehículos, una carpintería familiar o un gimnasio. Su empresa puede mejorar,
sin inversiones significativas, a base de observar, medir y reflexionar. El
nombre de las técnicas es lo de menos.
viernes, 27 de julio de 2012
LA PRODUCTIVIDAD, EL MEJOR MEDICAMENTO EN TIEMPOS DE CRISIS
Actualmente, las oficinas de
farmacia, al igual que tantas otras empresas, deben desarrollar su actividad en
un difícil escenario. Principalmente, se están viendo condicionadas por una
paulatina reducción de márgenes y precios de los medicamentos, pero además hay
otros factores que dificultan su necesaria viabilidad económica. Una oficina de
farmacia, en general, realiza altas inversiones en los medicamentos y productos
que mantiene en su stock, para lo que necesita un espacio comercial de cierto
tamaño, siendo éste también un recurso costoso. Aun manejando bien estos
factores, a una oficina de farmacia le resulta difícil diferenciarse de la
competencia, ya que los precios son necesariamente muy parecidos en todas ellas.
Por si lo anterior no fuera suficiente, en momentos en los que se producen
cambios en la normativa que regula el sector, los farmacéuticos y el resto del
personal se ven colapsados por la demanda de información de los usuarios. En resumen:
alta inversión, escaso beneficio y gran carga de trabajo. Difícil situación.
Las oficinas de farmacia tienen
una clara vocación sanitaria, pero no por ello pueden olvidar su cuenta de
resultados. Como empresa, su objetivo no será otro que conseguir los máximos
beneficios posibles. En este sector, el volumen de demanda es prácticamente
constante, pero la bajada de los precios hace que necesariamente decaigan los
ingresos. Por lo tanto, para intentar mantener el beneficio no queda más salida
que reducir los costes. No obstante, la reducción de costes tendrá que respetar
la calidad del servicio, la rapidez de entrega de los productos y ofrecer una
imagen de confianza y modernidad. Aun así, queda espacio de maniobra: optimizar
los recursos, mediante la mejora de la productividad. La gran mayoría de las
oficinas de farmacia ya han apostado por la mejora de su gestión y han
incorporado sistemas para la gestión del stock de sus productos. Esto, sin
lugar a dudas, les ha permitido agilizar su servicio, reducir la necesidad de
inversión e, incluso, mejorar su imagen.
Estas mejoras son muy
importantes, sin embrago aún se puede ir mucho más lejos aplicando a las
oficinas de farmacia metodologías de éxito contrastado en el mundo empresarial
como el Lean Management. No en vano, una oficina de farmacia es una empresa.
¿En qué podrían ayudar los
principios del Lean Management a las farmacias? En esencia en la mejora de la
productividad global, es decir, en optimizar el servicio completo, desde el
momento en que se hace el pedido al proveedor hasta el momento en que el
cliente sale de la farmacia. Para ello se pone el objetivo en eliminar lo que
supone una actividad no necesaria, y por tanto un despilfarro, en todos los
ámbitos de la empresa.
Así, por ejemplo, la distribución
de tareas entre el personal debe estar nivelada y estudiada de forma que el
tamaño de la plantilla sea el mínimo para garantizar la calidad de la atención
y permitir un flujo ágil y constante de usuarios. En el servicio prestado por
las oficinas de farmacia, un factor clave es la información al cliente, es un
aspecto que éste valora y que sí puede diferenciar a unas oficinas de otras.
Esta tarea debería incluirse dentro de la planificación de funciones. El
personal debe estar convencido de este aspecto y cualificado para ello. Además
es un proceso que se puede estandarizar elaborando fichas de productos, para
uso de trabajadores o clientes. El cliente quiere información, no colas. El
diseño del servicio debe ser tal que permita informar al usuario, y la
distribución de funciones debe evitar las colas a toda costa.
viernes, 20 de julio de 2012
AUMENTAR LA PRODUCTIVIDAD SIN DISMINUIR EL VALOR
Algunas veces nos ha sucedido que
algún conocido nos plantea las dificultades que atraviesa su empresa, y cuando
le hemos comentado las ventajas que le supondría la implantación de la
metodología Lean Management, nos ha respondido: “Lean, …, sí, me parece que yo
ya tengo eso…”. ¿Le parece? ¿Es que no
sabe cuál es su forma de trabajo? Pues si solo se lo parece, no sé qué es lo
que tiene implantado, pero, desde luego, no es Lean.
La forma de trabajo de las
empresas o instituciones que siguen la metodología Lean es tan eficiente y
agradable que no deja lugar a dudas. Además, su implantación a buen seguro ha
supuesto un cambio tan grande en los resultados de la empresa, que ha habido un
antes y un después de la implantación, que no pasa desapercibido. Los
trabajadores de tales empresas están motivados, se sienten orgullosos de su
empresa y de su forma de trabajo y lo divulgan como un logro. Es el caso, por
ejemplo, de una empresa de fabricación de muebles, que ha implantado Lean
recientemente. Sus trabajadores sienten como suyos los avances conseguidos con
actuaciones que al principio despertaron sus recelos, como reducir los lotes de
producción a la unidad o encender el túnel de pintura cada vez que haya algo
que pintar, sin esperar hasta completar su capacidad. Lo han vivido y lo han
comprobado. Ahora lo saben y están convencidos y orgullosos, y con razón.
Un consultor informático,
colaborador de nuestro grupo, nos comentaba que en muchas ocasiones, en la reunión
inicial con los responsables de empresas que han contratado sus servicios, se
le describe el funcionamiento la empresa, de una forma bastante idílica,
haciendo referencia frecuentemente a que “trabajan con Lean” o al menos “funcionan just-in-time”. Habitualmente la visita a las instalaciones le
permite poner de manifiesto una realidad bien distinta: acumulaciones de
material y de productos en pasillos, esperas, etc.
Es lógico y muy humano querer dar
una buena imagen de nuestra empresa e, incluso, describirlas o describirnos no
por lo que son o somos, sino por lo que nos gustaría llegar a ser. Pero, si se
piensa que una forma de trabajo es mejor que la actual, ¿por qué no intentar
adoptarla?
La metodología Lean consiste en
algo muy básico, dar al cliente exactamente lo que desea, sin incurrir en
ningún tipo de gasto superfluo. El concepto es tremendamente sencillo, llevarlo
a la práctica requiere convencimiento y dedicación.
No obstante esta simplicidad, en
ocasiones nos parapetamos detrás de incontables siglas que designan a otros
tantos programas indefinidos, para excusarnos del esfuerzo que conllevaría
implantarlo. Se aduce que ya hacemos cosas supuestamente similares a las
realizadas por herramientas de las que Lean puede hacer uso puntualmente o no.
Y así, rizando el rizo, se llega a posiciones paradójicas y, al contrario de lo
que pretendíamos, contrarias a la base del Lean.
Desgraciadamente, muchas son las
empresas que cuentan con una productividad baja. Y este suele ser un hecho
conocido en los niveles directivos de las mismas. Nuestra experiencia nos
indica, que la baja productividad se debe principalmente a una mala
planificación. Por el contrario, se suele justificar en un bajo rendimiento de
los trabajadores y en la conflictividad social que implicaría intentar
mejorarla, y se intentan cambiar los resultados de formas descabelladas, aunque
camufladas con nombres políticamente correctos, como “la implicación del cliente en los procesos”, por citar un
caso. Algunas empresas de limpieza, con ratios de productividad en España
inferiores a la mitad de los europeos, han recurrido a ofrecer los precios que
sus clientes esperaban realizando el servicio a partir de las 6h, para no tener
que pagar plus de nocturnidad, o utilizando una papelera por cada cierto número
de trabajadores y otras medidas similares. Y aún piensan que siguen los
esquemas Lean Management.
No son conscientes de que lo que
han hecho es reducir el valor del servicio que prestan. El cliente, cuando
llega a sus instalaciones, se las encuentra sucias o en periodo de limpieza,
con las consiguientes molestias para todos, incluido el personal de limpieza
que necesariamente verá entorpecida su labor, tardará más y será menos
productivo. Durante el día, los clientes
tendrán que levantarse y realizar movimientos innecesarios para tirar la basura
hasta el punto en el que la empresa concesionaria ha tenido a bien colocar la
papelera. Esto es, la empresa de limpieza baja el valor de su servicio y transfiere
parte de sus despilfarros al cliente.
El día que una empresa de
limpieza, por seguir con el ejemplo, optimice su productividad y mantenga o
incluso baje los precios sin menoscabo del valor del servicio que presta ¿a
quién se contratará?
jueves, 19 de julio de 2012
ESTUDIO
CONSISTENTE DE TIEMPOS DE PROCESOS
En la actual situación
socio-económica se busca maximizar la productividad de las empresas. En este
marco cobra especial interés realizar estudios consistentes de los tiempos de
procesos, con diferentes fines. Conocer el tiempo real que es necesario
invertir para la realización de un determinado trabajo es fundamental para, por
ejemplo, establecer el coste del trabajo y emitir ofertas ajustadas y fiables,
para realizar la planificación de las tareas o para establecer plazos de
entrega asumibles por la empresa.
Es bien sabido que para determinar
el tiempo de ejecución de una tarea no es suficiente con realizar una medición
directa sobre la realización de la misma, ya que es imposible que se mantenga
el mismo ritmo de trabajo, por todos los trabajadores, durante todos los
instantes de la jornada. No podemos pretender realizar un viaje de 1.000 km en
10h, porque circularemos a 100 km/h. Debemos añadir un tiempo para descansar,
repostar, etc. y un tiempo para imprevistos tales como atascos, semáforos, etc.
Para llegar a establecer un tiempo estándar para los procesos debemos actuar de
forma análoga, considerando un tiempo adicional, pero estableciendo este de
forma consistente y lo más exactamente posible.
Muchas empresas ya estiman los
tiempos medios estándares de los procesos a partir de medidas realizadas sobre
el desarrollo de los trabajos. No obstante, suelen surgir discrepancias con clientes
o trabajadores, por ejemplo, en el momento de contrastar tales estimaciones con
tiempos de reloj que se puedan realizar.
Las discrepancias entre un tiempo
estándar y un tiempo de reloj serán frecuentemente muy altas, ya que en el
tiempo de reloj se están obviando factores muy relevantes:
-
Ritmo de actividad del trabajador
-
Tiempos de descanso por fatiga y necesidades personales
-
Factores que influyen en la actividad, como esfuerzo o atención
-
Posibilidad de que surjan situaciones que no aparecen durante una
única medida de tiempos
Por todo ello se necesita
documentar de forma consistente la sistemática a seguir para transformar los
tiempos de reloj o “tiempos brutos” en tiempos estándares o “tiempos netos”.
Nuestro trabajo pretende dotarle de
herramientas útiles para la obtención de una información valiosísima para la
empresa y que permitirá acometer proyectos de mejora (Lean Management) a partir
de datos contrastados o establecer un sistema adecuado de incentivos.
jueves, 5 de julio de 2012
DE ERROR EN ERROR
HASTA LA VICTORIA FINAL
Hace aproximadamente una década
se vivían situaciones curiosas en la gestión empresarial. Los sistemas de
gestión de la calidad causaban furor, las consultoras ofertaban su implantación
a precio de oro, mediante sistemas de corta y pega (ya se sabe, hecho uno, hechos todos) y las
empresas respondían rápidamente: “sí, sí, póngame dos”. Parecía que sin un
sello que pusiera ISO en la puerta no eras nadie. Si bien es cierto que todo
aquel montaje sirvió para mejorar algunas cosas, el verdadero retorno económico
de aquella inversión fue en muchos casos cuestionable.
Aquella vorágine de formatos,
procedimientos y no conformidades, era asimilada por cada empresa como mejor le
podía.
En aquella época viví de cerca la
implantación en varias empresas. Un técnico de calidad de un laboratorio había
deducido de algún requisito de la norma ISO 9001 que debía formatear TODAS las
semanas, TODOS los ordenadores. Tarea a la que se dedicaba con puntualidad
religiosa. El único inconveniente de tan notable afán era que no sabía y ni tan
siquiera le gustaba hacerlo. No obstante, él perseveraba, inasequible al
desaliento. Mientras tanto el resto de tareas se le acumulaba y acumulaba. No
podía cumplir los planes de calidad que se había impuesto y debía abrir no
conformidades que no podía cerrar en el plazo previsto, por lo que debía abrir
nuevas no conformidades. Muy entretenido. Escasamente productivo, pero
entretenido.
Cada vez que formateaba un
ordenador, le surgían innumerables y variados problemas. En una de estas me
llamó desesperado, y me dijo: “no sé qué pasa, tengo que hacer clic en este
botón, pero no funciona, lo he hecho ya veinte veces, pero no va, ¿ves?, ¿ves?”.
Y pulsaba compulsivamente el botón izquierdo del ratón: clic, clic, clic,…sin
obtener ninguna respuesta. Con la cara ya desencajada me preguntó: “¿qué hago,
es el ordenador del jefe?”.
La respuesta me pareció sencilla:
“si lo has hecho más de veinte veces y no funciona, para empezar, ¡deja de
hacerlo!”. Creo que no le gustó.
Puede resultar curioso, pero el
comportamiento del sufrido técnico de calidad es bastante frecuente. Hoy en día,
la situación económica ha cambiado y se mira el céntimo antes de invertir. Los
sistemas de calidad están más cuestionados y las empresas buscan rentabilidad y
producción, pero en muchas ocasiones, se busca resolver los problemas de la
empresa, repitiendo el comportamiento de nuestro
técnico, es decir, haciendo una y otra vez algo que no nos está dando
resultado.
Insistimos en producir lo más
rápido posible, en comprar grandes cantidades para lograr mejores precios y en
aumentar las ventas mediante ofertas y similares. Como resultado obtenemos
almacenes llenos de productos que no vendemos y de materia prima que no
necesitamos, un alto volumen de productos defectuosos y un cliente que parece
hastiado y no compra al nivel que desearíamos. Las cuentas a final de año
siguen siendo preocupantes.
¿Qué soluciones se nos ocurren?
Hacer un plan de marketing, invertir en publicidad, hacer más ofertas o comprar
nuevas máquinas, más grandes, más rápidas… Es decir, más de lo mismo. Hacer
veinte veces clic con el ratón.
¿Y si nos paramos y pensamos en
hacer otras cosas? Si vamos a cambiar hagámoslo a mejor.
Parémonos a averiguar qué
producto quiere el cliente, qué características tiene y qué cantidad necesita,
y ofrezcámoselo. Sin aditivos, pero con la máxima calidad. Fabriquemos ese
producto, en la cantidad justa y en el tiempo que se demanda, sin incurrir en
NINGÚN gasto superfluo. El cliente comprará y la caja se llenará. No estamos
hablado del “crece pelo”, es la metodología Lean Management y su éxito está
contrastado.
Si queremos obtener resultados
distintos, hagamos cosas distintas. Nuestra empresa mejorará, y además
dejaremos de oír: clic, clic, clic…
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